Figuran respectivos expedientes en el Archivo General de la Región de Murcia sobre yacimientos y excavaciones arqueológicas en el castillo de Pliego (Referencias: A864/90-CARM 13306/5; A36/94-CARM 23447/33; y A463/95-CARM 23454/18)
Se llevó a cabo una primera restauración que tuvo como objetivo la torre mayor (T1) y el lienzo de muralla que traba con ella por su cara suroeste (publicado en el BORM con fecha 17 de Febrero de 1998 nº39. Página 1511). “Proyecto de restauración de la torre principal del castillo de Pliego” a cargo del arquitecto Francisco Javier López Martínez. Se recuperó el volumen de la torre, se cerró su lienzo interior, se levantó un muro interior en la cámara superior y se cubrió la azotea. Las intervenciones arqueológicas (Referencia 416/97 -CARM 23471/17).
El ayuntamiento de Pliego encargó la redacción de un proyecto de puesta en valor a los arquitectos Rafael Pardo Prefasi, Severino Sánchez Sicilia e Inmaculada González Balibrea. No tuvo ejecución posterior.
Se llevó a cabo la actividad arqueológica más notable del castillo hasta ahora, intervención de carácter preventiva bajo la direcciond e Alfonso Robles Fernández y que fue acompañada de consolidaciones para frenar el deterioro de las estructuras más vulnerables. El depósito de materiales se encuentra en el Museo Arqueológico de Murcia. Asimismo, se trató de recuperar mínimamente el volumen y la composición del castillo. Para ello, se reconstruyeron algunos cajones de tapia en el alzado de la antemuralla para facilitar la lectura visual de su trazado.
En lo que respecta las excavaciones de 2012, aportaron numerosos resultados:
El estudio del castillo de Pliego ha ido arrastrando el uso de algunos términos que no parecen del todo adecuados o representativos, al menos mientras no se conozca con mayor profundidad el uso de los espacios y su cronología.
Por un lado, se ha recurrido al término “qaṣr” para referirse al castillo. Sin embargo, este solo fue empleado con el significado de castillo o fortaleza en un momento temprano del Islam y especialmente en la zona de la Gran Siria, donde, además, albergaban en su interior espacios áulicos de gran monumentalidad. Esta herencia probablemente se debe a la posible etimología latina (castrum). De forma generalizada, en al-Andalus se empleaba para referirse a un palacio o recinto palatino, lo que ha derivado en la palabra “alcázar”. Para un espacio como el que podemos presenciar en Pliego, nos encontraríamos más bien ante una qalʿa (castillo), un ḥiṣn (fortificación) o una qaṣaba (alcazaba).
Por otro lado, la torre de mayor altura conservada es reconocida como una “torre del homenaje”, concepto arquitectónico ligado a una sociedad feudal que resulta totalmente ajena al mundo andalusí, salvo por algunas excepciones fruto de la influencia cristiana en al-Andalus. Para poder hablar directamente de “torre del homenaje”, lo primero que habría que hacer es comprobar la cronología de la torre. Los trabajos hasta ahora tratan el tema con ambigüedad sin establecer una relación estratigráfica con respecto al resto de estructuras defensivas del castillo. Si se comprueba que, efectivamente, es una obra de la Orden de Santiago, entonces sí se podría recurrir a dicho apelativo sin ninguna restricción, pero mientras tanto, parece sensata la precaución. Del mismo modo, de momento se evitará el uso de valoraciones como “principal” hasta que dicha jerarquía de uso no pueda ser demostrada en función del sistema social y administrativo que la concibió.
Por último, la antemuralla y la muralla del albacar funcionan como un mismo elemento que varía su consideración dependiendo del sector. Esto hace que su descripción y definición haya presentado cierto enredo hasta ahora, empleándose una mezcla de términos: antemuro, barbacana, barrera (este último desprendido de las descripciones históricas de la Orden de Santiago). Para el estudio histórico y arqueológico del castillo parece apropiado recurrir a nombres más simplificados y neutros que ayuden a su identificación espacial y/o funcional. De este modo, hablaremos de antemuralla en los frentes SE y SO del castillo y muralla del recinto inferior en los laterales del albacar. En un esfuerzo por relacionar la realidad material con las fuentes documentales, se puede indicar que se trata de la “barrera” mencionada por las descripciones históricas.
Por el momento, a partir de un análisis superficial de paramentos se reconocen claramente dos dominantes en el frente sureste, pero puede haber intervenciones intermedias en otros puntos del castillo. La campaña de 2012, no llega a delimitar estas dos fases y únicamente reconocen la intervención cristiana de la Orden de Santiago en puntos concretos.
De ser una o varias, habría que concretar si son fases independientes o deben vincularse a algunas de las fases de la muralla del castillo. De tal modo, sería lógico que la reconstitución de la muralla fuese acompañada de la erección o reforma de la antemuralla.
Al parecer la antemuralla que rodea el castillo por los frentes SE y SO se prolonga como muralla para cercar los dos laterales del albacar, tratándose así de la misma obra. Se debería comprender la secuencia de la antemuralla por si es una obra única o contiene más de una fase y, a continuación, si se reconociese más de una fase, se debería identificar cuál corresponde a la misma obra que la muralla del albacar. Solo así, se podrá conocer si hubo un antemuro anterior al albacar o ambos elementos se constituyeron desde cero bajo una misma planificación.
Sin embargo, queda pendiente analizar las estructuras defensivas para comprender la comunicación entre el albacar y el castillo. Como se ha comentado, la muralla del albacar continúa entorno al castillo como una antemuralla, lo que permite el tránsito desde el albacar hacia la liza. Sería conveniente analizar la torre 5 por si albergara un vano de acceso en uno de sus lados. La vegetación y sedimentos impiden observarlo bien ahora, pero parece que puede existir un vano posteriormente tapiado. Habría que realizar una limpieza del lugar para confirmar la hipótesis o descartarla. Otra opción sería que el vano entre albacar y castillo se encontrase en el frente septentrional, concretamente en la proximidad de las torres 7 y 8.
Los estudios anteriores mencionaron la posible existencia de una puerta con torreo de flanqueo en la muralla del albacar que se desarrolla al oeste de la torre T6.
Concretar si es una introducción posterior y en ese caso si se levantó.
NOTA: Estas observaciones presentarán en adelante cierta contradicción con lo expuesto en los apartados posteriores, especialmente el dedicado al castillo. Sin embargo, dado que nos encontramos en un momento inicial del estudio, la información todavía es deudora en gran medida de los resultados arqueológicos de 2012 y las interpretaciones derivadas de ellos.
Pliego es un ejemplo más de asentamiento rural que surge en el contexto medieval andalusí, presentando como tal unas dinámicas históricas que suelen ser comunes a otros lugares. Esto significa que pudo originarse entre los siglos XI y XII, que comprendiendo los periodos taifa, almorávide, mardanisí y almohade, concentró una gran expansión del poblamiento por el medio rural con la consecuente fundación de nuevos asentamientos. En estos siglos aparecen numerosas alquerías (qarya, pl. qurà) y fortificaciones (ḥiṣn, pl. ḥuṣūn) en todo tipo de geografías, desde llanuras fértiles hasta zonas baldías y montañosas.
Por alquería entendemos un pequeño poblado habitado por campesinos independientes, aunque en ocasiones también puede ser en su totalidad propiedad de un terrateniente. El término ḥiṣn es algo más complejo, pues el concepto no se resume únicamente como fortificación. Un ḥiṣn es la cabeza de una de las unidades político-administrativas en las que está dividido el territorio y puede tener bajo su autoridad un territorio compuesto por varias alquerías1. El elemento principal de un ḥiṣn viene a ser su fortaleza, que es lo que le da nombre y desde ahí el alcaide designado controlaba las alquerías del territorio circundante. Por lo general, el castillo suele estar compuesto por dos recintos. Por un lado, uno superior, o celoquia, que tenía carácter castrense y servía para alojar la representación del estado y, por otro lado, el albacar, que permanecía libre de construcciones con el fin de refugiar en momentos de conflicto a la población asentada a sus pies o en las alquerías dependientes2. En ocasiones, este albacar incluso podía llegar a ser ocupado de manera constante. Es por ello que los agentes interesados en la creación de estas fortalezas son de manera simultánea el estado y las comunidades rurales. No obstante, la conformación de los ḥuṣūn es muy relativa de un caso a otro y de un momento a otro, ya que experimentan su propia evolución y dependen de otros factores como los cambios sociopolíticos o las condiciones físicas del enclave. En este sentido, como ya apuntó J.A. Eiroa, el corto desarrollo de la arqueología en torno a estos asentamientos rurales hace que, a día de hoy, estemos todavía muy lejos de conocer su heterogeneidad tipológica, variedad cronológica y evolución3.
El castillo de Pliego fue un ḥiṣn y sirvió, por lo tanto, como representación del poder en la zona. Dado que al-Andalus era una sociedad tributariomercantil, esto facilitaba la gestión del control fiscal, pero también la defensa de las personas frente a conflictos armados. Ahora bien, Pliego cuenta con otro castillo de origen andalusí muy próximo que suscita múltiples cuestiones en cuento a su función y cronología. Hasta el momento, los estudios han apostado por considerar el castillo de la Mota de Pliego como una alquería fortificada que ya existía con anterioridad, en tanto que el castillo de Pliego sería una fortificación estatal levantada en un momento posterior. No obstante, ambas entidades pudieron coexistir a partir del siglo XII sin ningún inconveniente, ya que su papel era totalmente distinto y el castillo no suplantaba las funciones de la alquería 4.
1 Bazzana, Guichard y Martí, 1982; Azuar Ruiz, 1983.
2 Bazzana, Cressier y Guichard, 1988.
3 Eiroa Rodríguez, 2015, 87.
4 Robles Fernández, 2015, 50.
Si bien la vecina Mula es un enclave que gozó de relevancia desde el Pacto de Teodomiro (713) y aparece retratada en adelante en la mayor parte de crónicas geográficas sobre al-Andalus, Pliego no corrió la misma suerte debido en gran medida a su papel menos notable y su posición fuera de una de las principales rutas de comunicación.
Ahora bien, más allá del siglo XIII, siendo el reino de Murcia un territorio ya conquistado por Castilla, algunos autores árabes, tanto en el Magreb como en Oriente, siguieron compilando material de carácter geográfico e histórico sobre todo al-Andalus. De este modo, las descripciones y noticias relacionadas con Murcia fueron igualmente reproducidas. A este respecto, son dos autores orientales del siglo XIV, al-Waṭwāṭ (m. 1318) y al-Dimašqī (m. 1327), quienes nos ofrecen un dato sobre la posible Pliego andalusí que, curiosamente, no está presente en las obras geográficas más significativas que han servido para el estudio de al-Andalus (al-ʿUḏrī, al-Idrīsī, al- Ḥimyarī…). No obstante, tal dato debió ser tomado en algún estadio de una fuente común, pues ninguno de ellos visitó este lugar.
El asunto fue tratado en detalle por J.A. Ramírez Águila, quien reconoció errores de transcripción en el caso de al-Dimašqī que hacían imposible la identificación de Pliego5, en tanto que el conflicto quedaba esclarecido por al-Waṭwāṭ en su obra Mabāhiŷ al-fikar, donde Emilio Molina ya había localizado la mención de Pliego:
“Lūrq (Lorca), en cuyo territorio existe lapislázuli; Cartayanna, que es una antigua ciudad situada en el mar de los Rūm (Mediterráneo) en la que aún subsisten huellas y vestigios de su pasado. Posee una vega repleta de aldeas, con una extensión de seis por dos jornadas de marcha a lo largo y a lo ancho; Orihuela, Q.lūya (o Q.l.wya = Callosa?), Ils, L.qūt (o L.qīb) al-L.b.rī (Alicante la Grande), Laqant al-Sa`arī (Alicante la Pequena), las dos últimas están en el mar de los Rūm (Mediterraneo), Batarb.r (.Petrel?), Ūlīa (Ulea), Mūla, Bāguh Mūla (Pliego de Mula), Ibrila (Librilla), Tūtāna (Totana), F.l.b, en la que la “B” viene de una “F”, que también está junto al mar de los romanos, Denia, que es un puerto frecuentado. Hay en el país de Tudmīr un lugar que toma su nombre del de los Sinhāya (Cehegin), “donde se da el imán6”.
La presencia del fragmento en dos fuentes distintas refuerza la consistencia de la información. Asimismo, nos parece que a favor de relacionar el topónimo Bāguh Mūla con Pliego se encuentra el paralelismo con otros casos como Priego de Córdoba, que en época andalusí era llamado de la misma forma. En este sentido, no olvidemos que Pliego aparece transcrito como Priego en documentación castellana7, lo que sugiere una evolución bastante semejante.
Finalmente, el nombre Bāguh Mūla deja en evidencia su relación de dependencia con respecto a dicha ciudad, aspecto que geográfica y topográficamente resulta esperable. De hecho, mantiene la misma lógica por la que en Alfonso X donó Bullas y Pliego al concejo de Mula, manteniendo así una organización territorial ya existente.
Tras el tratado de Alcaraz (1243) el reino hudí pasa a ser un protectorado castellano y todas las plazas son entregadas a la Corona. Si bien la entrega fue cordial en general, Lorca, Cartagena y Mula presentaron oposición y, como enclave dependiente de Mula, Pliego debió experimentar dicha resistencia a lo largo de un año que fue lo que tardo en someter la ciudad8.
Ahora bien, durante el llamado período de protectorado (hasta 1266), la corona tuvo que comenzar a responder las exigencias de aristocracia y las órdenes por haber colaborado en la conquista del reino de Murcia, lo que se traducía en donaciones de tierra. La Orden de Santiago alcanzó una presencia especialmente notable en el reino, llegando a controlar territorios extensos y villas de gran importancia. De forma particular, al igual que ocurría con la Orden de Calatrava, los dominios santiaguistas se convirtieron en lugares estables para las comunidades mudéjares, gozando de buenas condiciones al tiempo que garantizaban la producción agrícola. En 1257 se entregan Totana y Aledo, en 1281 se entrega Cieza, en 1285 el Valle de Ricote. No será hasta comienzos del siglo XIV cuando se anexionen Yéchar y Pliego (1305), quedando ligada así esta última a la encomienda de Aledo.
Uno de los legados más valiosos que nos ha dejado la Orden de Santiago son los libros de visitas, un registro escrito de las inspecciones realizadas por la encomienda a todas sus posesiones y propiedades. Las descripciones aportadas son en ocasiones bastante detalladas y nos permiten imaginar el uso y espacios de algunos castillos medievales.
En el caso de Pliego, los libros de visitas fueron utilizados por los arqueólogos que trabajaron en el castillo en 2012, pudiendo relacionar algunas descripciones con los restos conservados. Por ejemplo, las puertas, algunas estancias interiores o un molino.
El primer propietario de la villa de Pliego parece ser Enrique Pérez de Arana, adelantado mayor del reino de Murcia entre 1272 y 1274, quien fue entregado la villa por parte de Alfonso X junto con otras propiedades situadas en la huerta de Murcia9. En este tiempo, constan cartas de arrendamiento (1273 y 1274) dadas por Pelay Pérez, maestre de Santiago, sobre varias villas entre las que se encuentra Pliego10.
Sobreentendemos que la propiedad de Enrique Pérez de Arana incluía el castillo, ya que tiempo después se conoce un proceso de compra-venta de este por el que terminó en manos de la Orden de Santiago. En 1305 Enrique Pérez de Arana lo vende a Farax o Monfarix, moro de Montiel, de quien pasó después a la Orden:
1305-Abril-04. Alcaraz:
“Todo el dicho castillo de Priego, según de suso se a afrontado con todos sus términos e pertenencias entregados y propiedades, entradas, salidas y con la villa de dicho castillo, y con casas, casares, huertas e a tales prados, pasturas, yerbas, aguas, leñas, montes, llanos, montañas, selvas, garrigas, casas, plantas e árboles fruteros e non fruteros, e con omes e mujeres e con pobladores, e con otras cosas vniversales y sendas a el dicho castiello pertenecientes y, por cualquier manera o razón, a vos el dicho Mofaric e a los vuestros vendo y corporalmente de presente libro e franco e quito con todo su señorío de mixto e mero ymperio e por precio de doce mil maravedís, de diez dineros blancos el maravedí, desta moneda nueva de nuestro señor el rey don Fernando11”
A mediados del siglo XIV, en el periodo de guerras protagonizado por dos bandos (Pedro y Alonso) de la casa de Fajardo para controlar el Adelantamiento de Murcia (1452-1461), circulan dos noticias relacionadas con el castillo. Por un lado, el intento de derribo del castillo pretendido por el alcaide de Lorca, Alonso Yáñez Fajardo, hecho impedido gracias al concejo de Murcia, que consultó al rey Pedro I y este instó en 1368 a su conservación12. Por otro lado, parece que la torre mayor pudo ser reparada por el comendador Juan de Montealegre, después de que la derribase el adelantado mayor de Murcia13.
Con la adquisición santiaguista, Pliego pasaba a ser administrada por los comendadores de Aledo y la población adscrita pasaba así a la jurisdicción de la Encomienda, que designaba un alcaide asentado en el castillo. Se establecía de tal modo un sistema feudal en el que los mudéjares ya no eran propietarios de sus tierras ni decidían sobre su explotación, aunque sí mantenían el derecho a trabajarlas con su consecuente tributo y cargas. Por su parte, la aljama mudéjar contaba con su propia administración interna, aunque siempre rindiendo cuentas ante el comendador y el alcaide. Este supervisaba y confirmaba todos cargos administrativos (alcalde, alguacil, almotacén…).
El hinterland de Pliego englobaría un territorio con diversa explotación agropecuaria, siendo la más importante la huerta irrigada próxima, pero incluyendo los secanos (olivar, vid, cereal), los pastos (ganado) y bosques.
En adelante, la principal fuente de información serán las visitas de la Orden de Santiago y sus valiosas descripciones14, que nos permiten conocer también datos sobre sus habitantes. En este tiempo, eran eminentemente mudéjares y fueron censados en la Visita de 1468 como 25 vecinos, entendiéndose estos como unidades familiares, por lo que se estima que serían un centenar de personas15.
En 1468, la inspección de Francisco de León, comendador del campo de Montiel, nos informa:
“La barrera es de quatro tapias en alto con sus almenas e // (fol. 26v) açeradas de cal de dentro e de fuera e tiene vn torrejón a la puerta de la barrera de la misma tapia y petrilado e almenado y esta barrera toma toda la parte de hazya el logar, que fazia el campo non ay ninguna barrera” “Junto con esta fortaleza fazia la parte del campo esta vna torre de catorze tapias en alto y es maçiça hasta las seis e tiene sobrados tres de aposentamiento y encima el techo de madera terrado” “esta fortaleza tiene razonable encasamiento y vn buen algibe de muy buen agua; en lo baxo vn arroyo de agua que pasa por de dentro de la casa, el cual va a vn cubo que está en la barrera, en que muele vn molino”
Posteriormente, en 1481, una nueva visita informa:
“E luego sube vn escalera a lo alto arriba, donde está vna cuadra e en ella vna cocina con su chimenea, e está en cabo de la dicha quadra vna torre con dos cubiertas16, la qual dicha torre e casa cubrió e reparó el dicho comendador después que la derribó y aportillo el señor adelantado de Murçia en las guerras pasadas. Yten, fallaron mas vna buena sala de aposentamiento que se manda desde la dicha quadra. Yten, desde la dicha quadra sube otra escalera a lo alto, donde está otra quadra con otra sala. Yten, fallaron, arriba del todo lo suso dicho, vn grrand terrado con su pretil e la torre suso dicha con su pretil e almenas”
Para finales del siglo XV, en el año 1495, bajo la inspección de Mosén Diego de Aguilera y Juan García Román se nos transmite:
“la fortaleza del dicho lugar de Pliego e las casas que en ella fallaron son las siguientes. En la entrada de la puerta fallaron a la mano derecha vna casa de servicio e adelante vna mazmorra e asimismo adelante, junto con la dicha mazmorra está vna casa por donde pasa el agua de la fuente del dicho lugar con la qual muele vn molino de cubo al pie de la dicha fortaleza. E luego boluieron e subieron por vna escalera que sube a lo alto, onde fallaron vna quadra e en ella vna cozina con su chimenea e esta en el fyn de la dicha quadra vna torre con dos cubiertas, la qual tiene un pedaço caydo” “E luego desçendyeron della e baxo junto con la dicha fortaleza fallaron vn molino que la dicha Horden tyehne, el qual es de cubo e fallaronlo bien reparado de rodezno e muelas e de todos los otros pertrechos” “E luego vysytaron la villa e está toda çercada a casamuro e non tiene mas de vna puerta e está todo bien reparado”
Con el tiempo, el castillo decayó en desuso y fue abandonado a principios siglo XVI. En 1524 los visitadores comentan que el castillo estaba ya en mal estado, aunque los censos siguen informando sobre la población. Por ejemplo, el de 1553 dice:
“ques de la Encomyenda de Aledo, ay noventa y nueve veçinos pecheros, todos moriscos; son gente de mediana pasada comúnmente y ay muy pocos pobres entre ellos; pueblase cada dia de nuevo aunque no se podía cresçer sino poco la vecindad, porque tiene pocos términos pero estos son muy buenos, y tiene un pedaço de huerta con arta agua para regarla, y en ella tienen moreras para seda y cogen alguno pan y uba pasa que hacen, y tienen alguno ganado cabrio17”
5 Ramírez Águila, 2015: 38-40; al-Dimašqī, 1866: 244-245, trad. Amador de los Ríos, 1889, apéndice II: 776
6 Molina López, 1995: 63 y 98; Molina López, 1986: 304. Obra original: Al-Waṭwāṭ, 1990, I: 382, trad. Fagnan, 1924: 64.
7 Torres Fontes, 1963; Rodríguez Llopis, 1991.
8 Rodríguez Llopis, 1985: 119.
9 Torres Fontes, 1990, 207.
10 AHN, OO.MM-Santiago-Uclés, [carp. 219, nº 4] y FR.AHN.R-7/3.
11 Torres Fontes, 1963; Rodríguez Llopis, 1991. Documento en el Archivo General de la Región de Murcia (Referencia.
FR.AHNR-8/19).
12 Molina Molina, 1978, 228.
13 López Martínez y Sánchez Pravia, 2004, 73. No se ha podido localizar la fuente original de esta noticia.
14 Eiroa, 2006.
15 Sánchez Pravia y García Blánquez, 1995, 9.
16 Según los arqueólogos que intervinieron en 2012, se trata de la torre 3.
17 Sánchez Pravia y García Blánquez, 1995, 9.
Al norte de la población de Pliego y, concretamente, a los pies de la Muela, se levanta un pequeño cerro sobre el que se halla una fortificación medieval. A comienzos del siglo XX, se conocía como Castillo de las Barracas18 y, posteriormente, ha venido llamándose como Castillo de las Paleras19 o Castillo de la Mota20.
Esta fortificación se hallaba por lo tanto en altura y quedaba parcialmente defendida por el barranco de la Mota. De sus estructuras defensivas permanecen varios segmentos de la muralla perimetral, así como también se reconocen algunas construcciones arrasadas en su interior.
Los estudios y aproximaciones realizados hasta ahora consideran que se trata de una alquería fortificada, pudiendo ser el primer asentamiento andalusí de la zona y, por ende, anterior al castillo21. Se estima que pudo originarse en torno a los siglos XI-XII. Su muralla torreada presenta una factura de tapia calicostrada sobre zócalos de mampostería, si bien se han identificado segmentos forrados con muro de sillarejo, lo que podría evidenciar un uso prolongado que requirió reformas. En general, se trata de un conjunto muy deteriorado, aunque mantiene una torre de 5 m de alzado y algunos lienzos importantes. Esta torre forma parte de un sector más distinguido dentro de la fortificación y fue considerada por Ramírez Águila como un posible añadido castellano durante los primeros años después del tratado Alcaraz22. Las estructuras identificadas en su interior podrían ser viviendas, lo que muestra que se trataba de un espacio habitado. Asimismo, parece que al oeste de la Mota se extendía un cementerio, habiéndose observado numerosos restos óseos junto al camino.
Se estima que la fortaleza pudo seguir en funcionamiento durante la primera mitad del siglo XIII, por lo que cuando se construyó el castillo de Pliego en torno al siglo XII, la Mota siguió funcionando y sus moradores no fueron trasladados a otra ubicación como en cambio sí parece que ocurrió anteriormente con otros asentamientos durante el periodo andalusí (Alhama, Cehegín o Mula). El abandono de la Mota pudo ocurrir después de la rebelión mudéjar (1264- 1266) que se desencadenó ante la presión de los colonos cristianos y el incumplimiento del pacto de Alcaraz. Una vez sofocada, las consecuencias fueron desfavorables para la población mudéjar, que ante el empeoramiento de sus condiciones provocó una importante emigración. En Pliego, es probable que los habitantes fuesen trasladados a un lugar más llano, menos enriscado y sin defensas, de modo que sería más fácilmente controlable. Este nuevo asentamiento daría origen a la villa castellana que con el tiempo ha dado lugar al actual núcleo23. Se desconoce si anteriormente el lugar contaba ya con algún tipo de ocupación.
En cuanto a la Mota, sus elementos defensivos pudieron ser destruidos para evitar que los mudéjares volviesen a ocuparlo ante nuevas hostilidades. Una dinámica semejante se pudo dar en múltiples lugares ante la incapacidad para ocupar todos los viejos asentamientos con repobladores castellanos, navarros y aragoneses.
Ahora bien, nos parece que este asentamiento es vulnerable en términos defensivos, pues al encontrarse a los pies de la Muela, puede ser fácilmente abatible desde un punto más alto. En este sentido, parece lógico que la Orden de Santiago apostase por instalarse por más tiempo en el castillo de Pliego en lugar de la fortaleza de la Mota.
18 González Simancas, 1997.
19 González Castaño, 1992: 64.
20 García, Buendía y Llinares, 1989; Sánchez y Garcia, 1995.
21 Sánchez Pravia, 2015; Robles Fernández, 2015.
22 Ramírez Águila, 2015.
23 Sánchez y García, 1995; Sánchez Pravia, 2015: 47.
Se encuentra encaramado en las estribaciones de Sierra Espuña sobre un cabezo rocoso que sobresale ligeramente sobre la ladera de la montaña y supera los 502 msnm, es decir a una altura mayor que la fortificación de la Mota y ocupando una posición mucho más dominante. Este enclave no parece casual, pues permite una perspectiva completa del valle del río Pliego por una llanura que desciende hacia Mula (al norte) y que es susceptible de haber sido ocupada por alquerías. Además, desde esta posición podrían haberse controlado las vías alternativas que conectaban Mula con el corredor del Guadalentín (Lorca-Totana-Alhama) y, a una escala más cercana, también se podría vigilar el barranco de la Mota y La Muela.
Estos valores estratégicos de control, ligados a la ausencia aparente de un asentamiento anterior al siglo XII en el enclave, sugieren que se trata de una fundación estatal emprendida por el poder24. Su cometido no sería otro que el control fiscal y administrativo del territorio circundante, cometido para el que habría un alcaide (qāʾid) designado por el gobernante de Murcia. De este modo, el castillo tendría bajo su control el asentamiento de la Mota, las alquerías en torno al río Pliego y, quizás, una alquería primitiva situada a sus pies, en lo que después daría lugar a la villa castellana25.
En cuanto a su cronología, la excavación de 2012 halló varios fragmentos de cerámica que permiten asociar el castillo con una ocupación tardía del último cuarto del siglo XII o principios del XIII (especialmente tinajas estampilladas y jarritas esgrafiadas). Asimismo, los arqueólogos asociaron a este momento el uso de tapia calicostrada; aunque este aspecto debe ser revisado con atención, ya que lo analizado en junio-julio 2025 no nos permite reconocer un uso extensivo de este tipo de tapia, sino más bien varios tipos y no todos tendrían por qué corresponder con estructuras andalusíes26. Las transformaciones históricas en el castillo son evidentes y ya quedaron patentes en las excavaciones de 2012. Destaca, en este sentido, la posible reforma que experimentó con la Orden de Santiago, si bien no parece que hasta ahora ningún trabajo haya definido exhaustivamente esta reconfiguración.
24 Robles Fernández, 2015: 51.
25 Esta última opción ya fue propuesta por Ramírez Águila (2015: 41).
26 La tapia, y especialmente la calicostrada, fue empleada también después de la conquista cristiana. En el antiguo Reino de Murcia son varios los castillos de la Orden de Santiago que recurren a esta técnica probablemente debido a la mano de obra mudéjar que se mantuvo habitando en el territorio.
El conjunto consta de dos recintos: un castillo superior y un recinto inferior o albacar. Por su parte, el castillo superior consiste en un recinto amurallado que se engarza a modo de anillo al cabezo rocoso. Su planta muestra una forma pseudo-triangular con cada uno de sus lados arqueados para adaptarse a la topografía. Todos los frentes están torreados, documentándose un total de 8. De ellos, tres se hallan en los vértices más salientes, aunque la torre 1 podría ser una introducción posterior. De hecho, habría que comprobar cuáles de todos estos torreones ya existían en la fase andalusí.
Por otro lado, el recinto inferior se extiende hacia el norte por una topografía bastante escarpada. Lo singular de este albacar es que su muralla no entesta contra el castillo superior como es habitual, sino que lo rodea por los frentes suroeste y sureste a modo de antemuralla. De este modo, en los tramos que defiende el albacar funciona como muralla y en los que rodea el castillo funciona como antemuralla, lo que ha generado hasta ahora un conflicto importante a la hora de describirlo y definirlo. En cuanto al frente septentrional, parece que el albacar aprovechó el terreno escarpado como defensa natural, lo que hizo innecesario construir muralla.
La defensa del albacar se resuelve con una muralla bastante sofisticada con adarve superior y pretil almenado. Su función es proteger de forma temporal a la población y su ganado cuando las alquerías se encontraban en peligro de ataque; sin embargo, de forma general para los castillos medievales andalusíes, sigue siendo una cuestión pendiente de estudio si en algún momento pasaron a ser zonas habitadas permanentes. Especialmente en las postrimerías de la etapa andalusí cuando la situación era bastante más inestable. En el caso de Pliego se habla de un espacio totalmente libre, aunque la prospección inicial llevada a cabo en junio-julio 2025 evidencia restos de muros dispersos. Asimismo, en el sector oriental conserva los restos de uno o dos aljibes
En cuanto a la antemuralla citada, que hasta ahora se presupone como parte de la misma obra que la muralla del albacar, trata de defender los testeros más vulnerables del castillo (frentes SE y SO), como ya apuntó Robles en varias ocasiones (2015). De hecho, entre ellos el frente SO es el más débil a nivel poliorcético, por lo que tiene sentido que en este punto los elementos defensivos adquiriesen mayor solidez, altura y, además, fuese reforzado con un antemuro. Según Robles, el análisis de los módulos de tapia muestra homogeneidad en la ejecución de este muro defensivo que protegía el albacar y el castillo, de modo que se puede suponer que se trata de un mismo impulso o proyecto. Ahora bien, debe tenerse en cuenta que algunos de los tramos estaban muy arruinados y no se pudieron documentar de forma detallada.
En cuanto al sistema de acceso al castillo, era especialmente quebradizo y en algunos tramos angosto, lo que constituía un mecanismo de defensa ideal. La llegada al castillo se realizaba seguramente de forma parecida a hoy. Un camino ascendía desde el sureste y rodeaba la torre 9 (en la antemuralla) para después girar hacia el este e ingresar por un primer vano que daba paso a la liza. La mencionada torre 9 es la única que se ha podido conocer en la antemuralla (refiriéndonos con ello al sector que rodea el castillo y no a los sectores de muralla del albacar) y su planificación está directamente dirigida a generar un acceso que debe quedar plenamente protegido. El vano de acceso se conforma a partir de un lienzo de antemuro más avanzado que aprovecha el desfase con respecto al trazado principal del antemuro para generar el paso en recodo. Este acceso fue excavado en 2012, pudiendo hallar la jamba y un pequeño vestíbulo contra la torre 927. Asimismo, se documentó un cegamiento de mampostería que tapió el vano en un momento tardío de abandono (posiblemente siglo XVI).
Una vez dentro de la liza, entre la torre 3 y la 9, se genera una mayor anchura de liza precisamente para disponer el sistema de acceso. Desde este punto se podía discurrir por la liza hacia el noroeste, rodeando así la muralla del castillo y llegando al recinto del albacar. No obstante, para acceder al castillo se debía discurrir hacia el sureste, atravesar un segundo vano y continuar por la liza del frente sureste para acceder al castillo por un vano situado en la muralla junto a la torre 2.
El primero de estos dos recorridos fue excavado en 2012 en su primer tramo hasta la torre 4 y permitió descubrir un espacio pavimentado que se vio muy alterado por la transformación cristiana. Esta consistió en forrar la torre 4, que inicialmente era de dimensiones más reducidas, con un nuevo muro de tapia que apoya parcialmente sobre el antemuro e invade el paso por la liza. Además, se recreció el nivel del suelo de la liza conservada con un relleno de cantos de 60 cm de altura y un suelo de tierra apisonada con fina capa de cal.
27 En su planimetría, los arqueólogos que intervinieron anteriormente representaron este espacio de forma desproporcionada.
Este punto nos muestra dos fases importantes del castillo: un amurallamiento inicial y una reforma integral que forró lienzos. De hecho, no parece que sea una secuencia exclusiva de esta torre 4, sino que podrá documentarse en muchos otros puntos del castillo. Por ahora se ha podido reconocer en algunos lienzos de muralla, donde en lugar de forrar parece recrecer el alzado perdido (lienzo A3). En cuanto a la fase más antigua, lo más plausible es que corresponda a una etapa andalusí, en tanto que la fase de reforma integral puede ser del periodo bajomedieval cristiano (Orden de Santiago), aspecto que habrá que determinar en las próximas intervenciones.
Retomando el segundo recorrido, este rodeaba la torre 3 por el sur, pero antes de ello debía atravesar un segundo vano conformado en un muro de tapia que discurría de forma transversal al recorrido entre las torres 3 y 9. Este vano fue posteriormente cegado con mampostería en época cristiana y curiosamente esta fábrica conserva hoy más entidad que el propio muro de tapia. A continuación, se proseguía por la liza sureste, que estaba pavimentada con mortero de cal y fue posteriormente cubierta por un nuevo pavimento cristiano. El suelo de la liza se adapta al terreno y presenta escalones en varios puntos (por ejemplo, junto a la torre 2). Junto a la torre 2, en su lado oriental, se encontraba la puerta de acceso al castillo, que consistía en un estrecho vano en la propia muralla y cuyo umbral se sitúa a cierta altura con respecto al suelo de la liza.
Según Robles, en la excavación se encontraron todos los vanos de acceso tapiados con mampostería, acción vinculada al momento de abandono del castillo y su clausura.
Dado que el castillo se asienta sobre un cerro rocoso, la superficie interior no presenta un terreno amable para la construcción. De este modo, las estancias edificadas aprovechan los resquicios de menor escarpa y que, en general, se extienden junto a algunos de los lienzos de muralla por su cara interior. De hecho, es de suponer que, en el momento de construcción de la muralla, algunos de estos espacios fuesen rellenados ligeramente para generar superficies más horizontales. Los restos de establecimientos interiores se encuentran en un estado avanzado de deterioro, quedando únicamente parte de sus zócalos de mampostería trabados con barro o mortero (dependiendo el caso).
Son tres las zonas en las que se identificaron restos de construcciones durante la excavación de 2012: primero, junto al lienzo de muralla entre las torres 1-2 y extendiéndose por la ladera que desciende hacia la torre 8; segundo, junto al lienzo de muralla entre las torres 2-3; y tercero, junto al lienzo de muralla entre las torres 4-5. Su interior no llegó a ser excavado por completo, de modo que no se llegaron a conocer los niveles de pavimento ni evidencias que puedan iluminar sobre su función. Se baraja la posibilidad de que estos espacios estuviesen enfocados al almacenaje y las residencias para el alcaide y su guarnición. El uso de almacenaje es completamente plausible, pues los castillos estatales son, entre otras cosas, puntos de acopio que concentran no solo víveres, sino también el rendimiento de las tierras cedidas al propio alcaide durante su vinculación al ḥiṣn28.
La primera de las zonas indicada presenta un trazado más complejo, pues se reconoce una especie de calle en pendiente que gira hacia el noroeste. A sus lados se disponen las estancias. Asimismo, se reconoció un espacio adosado al lienzo entre las torres 1-2 que era más sofisticado y con pavimento “consistente” que se sugirió ser un salón con alhanía. En frente, al otro lado de la calle-corredor, se encuentran dos salas yuxtapuestas. Una de ellas contaba con un poyete y un hogar, lo que sirvió para plantear que fuese una cocina.
28 En el Sarq al-Andalus, las tierras concedidas al alcaide por su servicio solían ser de secano y para aprovechamiento ganadero. Guichard, Pierre, 2001, 512; Trillo San José, 2004, 90.
La documentación dejada por los visitadores de la encomienda ha servido para conocer la existencia de una fuente que brotaba en el interior del castillo y cuyo arroyo discurría hacia la parte inferior del cerro. De hecho, según Robles, los detalles descriptivos no dejan duda sobre su ubicación en el castillo y no existe posibilidad de confusión con el otro molino situado en la villa29. La excavación de 2012, sugirió su ubicación hacia el sector sureste, así como también identificó algunas estructuras relacionadas con un molino en el extremo de la liza junto a la torre 1. El desnivel de este punto y el encajonamiento de un espacio bastante estanco se interpretó como el lugar en el que se encontraría el cubo. De tal modo, el agua saldría por un orificio desde la antemuralla. El uso hidráulico de estas estructuras está demostrado por las concreciones calcáreas. Según arqueólogos, se trata de una instalación de origen andalusí, pero lo cierto es que solo hay pruebas suficientes para reconocer su existencia en el periodo de la Orden de Santiago.
Desde mi punto de vista esta interpretación debe revisarse (por si acaso). Por un lado, resulta contraproducente disponer un cubo de agua junto a la torre 1, ya que genera mucha humedad a la estructura. Habría que revisar si no es un sistema de evacuación de aguas sucias desde letrina/s. De este modo los anillos cerámicos desaparecidos vendrían a ser atanores de mayor sección como en la ciudad de Murcia. Por otro lado, los excavadores leen una secuencia estratigráfica en el siguiente orden: torre 1; solera construida contra la torre 1; antemuralla que monta sobre solera30. De este modo, si la torre es lo más antiguo y los restos del molino son andalusíes, significa que todo es andalusí (incluida la torre). Sin embargo, habría que demostrar que la torre 1, al menos su materialidad visible, es andalusí, porque si finalmente se demuestra que es una intervención posterior invalidaría entonces toda esta cronología asignada y el molino podría ser andalusí.
29 Robles Fernández, 2015: 68.
30 Robles Fernández, 2015: 62.
En la etapa cristiana, los arqueólogos señalan dos fases principales y bien diferenciadas. En un principio, el castillo no experimentaría cambios drásticos y se reutilizarían las estructuras tal cual se habían recibido. Sin embargo, con la llegada de la Orden de Santiago se llevarían a cabo una serie de intervenciones.
Por ejemplo, la construcción de un encasamiento adosado al lienzo entre las torres 2-3, que fue acompañado de un nuevo muro de tapia de tierra y cal adosado al lienzo de la muralla. Se han identificado improntas de rollizos que resolvían los forjados de madera para un nivel superior. Estos espacios parecen identificarse en las descripciones de las visitas de la Orden31.
Asimismo, hubo una reconfiguración del amurallamiento. La puerta de la antemuralla fue ampliada y la torre 9 que la defiende fue macizada en su cuerpo interior con tapia (¿de qué tipo?). Esto suponía un nuevo nivel de uso a cota más elevada que pudo ser documentado en la excavación de 2012 gracias al nuevo pavimento de cal y el pretil correspondiente.
Por su parte, parece que la puerta de acceso desde la liza al interior del castillo se mantuvo junto a la torre 2, tal y como se desprende de las descripciones de las visitas de la orden.
Además, se realizaron obras de reparación con mampostería en algunos lienzos de muralla, sea así el caso del lienzo entre las torres 1-2. Sin embargo, la obra más notable consistió en forrar la torre 4 con un nuevo muro de tapia que, como ya se ha indicado anteriormente, invalidó la liza en ese sector32.
Aunque los resultados de la excavación de 2012 no plantean abiertamente una hipótesis para la torre 1, parece probable que esta fuese levantada en una fase distinta a la fundacional. Así lo insinúa su materialidad, que, además, presenta una técnica semejante al forro de la torre 4. A tenor de esta apreciación, y considerando el aparente uso de un posible lenguaje feudal debido a su concepción como “torre del homenaje” los estudios se han inclinado por asociarla con el periodo de la Orden de Santiago. Para reforzar esta idea, los estudios anteriores pusieron de relieve el hecho de que se trata de una torre más desarrollada y elevada si se compara con el resto. No obstante, aunque por ahora mantenemos esta adscripción, de nuevo advertimos sobre la necesidad de que sea provisional hasta que pueda demostrarse plenamente. De hecho, la cuestión de la altura es relativa, pues lo que hace de ella la torre más alta es realmente su arranque a una cota más baja y, por lo tanto, su altura libre. Las torres 2 y 3 alcanzan una cota bastante semejante y, de hecho, han perdido en gran medida el cuerpo superior como si hubiesen sido desmochadas (por lo que se puede imaginar que serían más altas).
31 No está claro si los arqueólogos que intervinieron en 2012 creen que es el mismo vano de acceso andalusí o no.
32 Como ya se ha comentado, toda esta interpretación puede variar cronológicamente en función del análisis de paramentos, ya que lo primero de todo es determinar si el forro y recrecido general es andalusí o posterior.
Un aspecto más que vendría a reconocer la torre 1 como una obra posterior es su relación con el lienzo A8, pues ambos elementos parecen haber sido ejecutados bajo un mismo proyecto y el extremo NO de dicho lienzo en el punto que entesta con la torre 8 presenta síntomas de haber sido adosado en algún momento al alzado desparecido de la torre 8.
En lo que respecta al albacar, se desconoce qué función pudo albergar durante el periodo bajomedieval cristiano.
A comienzos del siglo XVI, como ocurre con muchas otras fortificaciones del reino de Murcia, el castillo pierde su carácter defensivo y comenzó su proceso de abandono. En adelante los visitadores solo se preocuparán de la villa. Este momento es el que se relaciona con el cegamiento de mampostería en los vanos de acceso al castillo para evitar así el saqueo o la ocupación.
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